Me llamo Enriqueta Hernández Vázquez y soy del estado de Guanajuato, y actualmente vivo en la colonia  Huizachera, en el municipio del Salto Jalisco.

Yo era una niña muy enferma y mi papá me cuidaba con cariño, nunca comprendí porque golpeaba a mi mamá... y así crecí, con mucho miedo entre gritos y golpes.

Eso me hizo ser muy depresiva,  tanto que cuando mi novio se casó con otra después de cinco años de noviazgo, mi vida se derrumbó y duré seis meses enferma en un rincón de mi casa.

Conocí  entonces al que hoy es mi esposo y a los tres meses nos casamos, me casé pensando que mi vida iba a ser otra. Nos vinimos a vivir a Guadalajara, yo no conocía a nadie, mi esposo era celoso, bebía mucho y no me dejaba salir de la casa.

Al embarazarme de mi primer hijo pensé que mi esposo iba a cambiar... siempre tenía la esperanza de una vida mejor, pero no, su trato fue peor y me corrió de la casa. Yo me fui a pedir ayuda a mi familia pero no me aceptaron... ¡ mi obligación era soportar a mi marido !  Me sentí muy sola y triste  ¿por qué mi familia no me apoyaba?

En esa lamentable situación fui teniendo más hijos, pero me sucedió algo muy dramático : en 1987 tuve unos gemelitos en el Hospital Civil, y ahí me robaron a uno de mis bebés...sin que yo pudiera hacer nada, me sentí desesperada,  ignorante, desprotegida e impotente.

Después de esta angustia de no saber donde estaba o quién tenía a mi niñito volví a caer en una terrible depresión...ya nada me importaba, no les hacía caso a mis otros niños, siempre los traía sucios y yo andaba igual de sucia.  

Mi esposo me empezó a engañar con otras mujeres y me amenazó con  dejarme...yo me fuí llenando de odio, de amargura, les gritaba y pegaba a mis hijos diciéndoles que me iban a pagar todo lo que su papá me hacía... Era una situación tan terrible que me enfermaba y mi solución era tirarme en la cama.

En el año 2000, una amiga me invitó a las pláticas que daban en el Voluntariado Estamos Contigo, que eso me iba a ayudar mucho... no puedo le contesté, mi esposo no me dejaría... pero sí asistí, a escondidas de él. Me incorporé primero como oyente y sentí que podía romper con el ambiente que me asfixiaba, empecé a respirar mejor y a pensar más en solucionar mi situación.

Me invitaron a ser animadora y a trasmitir temas de “Mejorando a mi familia y a mi comunidad” pero... ¿cómo podía  yo hacerlo si mi casa y mi familia , estaban todavía tan mal?  Me convencí que sí podía practicar lo que estaba aprendiendo y  creció  mi autoestima haciéndolo.                                                                                       

Luego, me invitaron a trabajar, ¿trabajar fuera de casa? era un reto para mi y también lo hice, para demostrarle a mi esposo que sí valía como persona.

Pero al año,  él me dijo que si trabajaba era que yo podía mantener a mi familia y me abandonó por otra mujer. Uno de mis hijos se quiso suicidar, porque su papá se había ido, pero yo aunque me sentía descorazonada y sin fuerzas tuve capacidad de quitarle tales intenciones, gracias a Dios.

Cinco meses después me encontré con la mujer con la que vivía mi marido y ella empezó a insultarme y a golpearme, uno de mis hijos se dio cuenta y me defendió, en ese momento, pasó una patrulla de policía y la mujer gritando dijo que mi hijo la había agredido, por lo que lo detuvieron y se lo llevaron detenido, ...no podía creer lo que me estaba pasando...acudí a  mis vecinos y me ayudaron a sacar a mi hijo de la cárcel , pero yo, me sentía terriblemente culpable y volví a sentirme sola y deprimida...poco después mi esposo regresó y me pidió perdón.

Todavía tenía que pasar una nueva prueba, me atropellaron y pensé en ese momento, que ahí había acabado todo...no morí, pero los doctores pronosticaron que no volvería a caminar...Yo le pedía a Dios con todas mis fuerzas y con mucha fe, que me siguiera ayudando y me sacara adelante.

Ocurrió el milagro,  los doctores se sorprendieron porque a los dos meses pude caminar normalmente. ¿Cómo agradecerle a Dios?...le pedía que me diera una luz sobre cual era mi camino para corresponder a tantas veces que El me había protegido.

Seguí en el programa del Voluntariado Estamos Contigo, tomando los  temas  de Anspac en Formación Espiritual, y el oir la palabra de Dios y profundizar los temas, me ayudó nuevamente a salir adelante, y no solo eso, actualmente soy Animadora y Coordinadora  del voluntariado en la comunidad de la Huizachera.

Ahora estoy empezando a vivir de nuevo, perdoné a mi esposo y lo recuperé, mis hijos son más felices y yo me siento tranquila.

Eso se lo agradezco a Dios y a todas ustedes... y quisiera decirles a todas las mujeres que nada más nos hace falta dar un paso hacia adelante y acercarnos más a Dios que El,  en su bondad,  todo nos concede.

Gracias.