Soy Martina Alicia Ríos, de la Huizachera … y voy a darles el testimonio del milagro que me ha devuelto la vida, gracias, primeramente a Dios y después a mi encuentro en V.E.C. con los programas de superación personal.

Cuando yo llegué a VEC, lo hice con el ánimo y con mi autoestima por los suelos; me había inscrito a escondidas de mi esposo, ya que le tenia miedo, pues él era celoso y machista.

A medida que yo escuchaba los temas de Formación Humana,  me fui dando cuenta de lo que yo valgo como ser humano. Gracias a la confianza que fui adquiriendo, me atreví a concursar en el festival de la Expresión que organizó VEC, participando con una poesía declamada en el teatro ¡y gané!... También gané medalla de plata en atletismo, durante el evento deportivo anual.

Toda esta seguridad en mí misma, la tenia gracias a que los temas  me habían revelado de lo que era capaz; me di cuenta de que si mi esposo me humillaba y me golpeaba, era porque yo le había dado ese poder sobre mi.

Seguí estudiando para ser animadora y luego Coordinadora. Ahora soy otra mujer: trabajo en un taller de cerámica del que soy la encargada, además sirvo en mi Parroquia en la liturgia y la catequesis, y todo sin descuidar mi hogar y mi familia.

Pero Dios me estaba preparando para una gran prueba; hace un año me detectaron un tumor maligno en el cerebro. En ese momento me sentí sola en el mundo, a pesar de que no dejé mis actividades me sentía desorientada, como si lo que me pasaba no fuera mas que una película ajena a mi… Me costó gran dolor aceptar la enfermedad, pensé que mi vida no tenía ya sentido…

Luego mi pensamiento se centró en mis hijos; empecé a decirles que no quería que dependieran tanto de mí; no pude ocultarles más la verdad y les dije lo que me pasaba. Inicié las tomografías y las quimioterapias. Mis hijos lo resintieron mucho, bajaron en sus calificaciones y yo, me llené más de valor y empecé a tratar de levantar a mi familia, a pesar de mi gran malestar físico.

Créanme que es muy difícil remar en medio de la tormenta, pero los temas de espiritualidad me enseñaron a tomar a mi familia de la mano. Les dije que la vida nos pone retos y teníamos que enfrentarlos juntos, que Dios nos da la llave y de nosotros dependía si le cerrábamos la puesta o la abríamos a la esperanza, y caminábamos hacia lo que Dios quisiera para nosotros; que éramos una familia de oro y como tal teníamos que pasar por el fuego para hacernos más brillantes, con los ojos puestos siempre en Dios.

Continué con los tratamientos y, el MILAGRO SE DIO: de repente el tumor había desaparecido. El neurólogo no lo entendía; yo sí, porque  sabía que mucha gente estaba orando por mi salud; mi familia, mis compañeras de apostolado  y mis amigas de VEC.

Sé que Dios aún tiene muchas cosas buenas para mí, y que tengo una misión que cumplir. Sé que si no hubiera escuchado los temas de Formación Humana y de Formación Espiritual, no fuera lo que soy.

Ahora puedo comprender por qué me pasó todo esto: si no hubiera vivido esta experiencia de dolor y de esperanza, no me hubiera dado cuenta de la fuerza que Dios puso en mí.

Muchas Gracias.

Junio de 2007